Por qué me tuve que enamorar de quien no era, de quien no debía. No tenía que haberme enamorado, o debíde cortar de raíz desde un principio. Pero ocurrió, pasó, y ahora pago las consecuencias de sufrir la distancia, de llorar de vez en cuando mirando una foto. Mirarte y no poder besarte, oler tu perfume, tu aroma muy de vez encuando.
Kilómetros me impiden disfrutar de lo que sé que es mío, me impide ir al cine y ver una película en tus brazos, me impiden un millón de cosas.
No lo sabes pero siempre derramo un par de lágrimas cada vez que te digo "hasta luego".
A pesar de todo, la experiencia me dice que el timpo que estoy a tu lado vale todo lo imposible. Vale porque sé que es algo fuerte y precioso lo que tenemos. Vale porque se construye un fuerte y un paraíso en su interior. Los muros se desplanzan más hacia las afueras, dejando más espacio para que crezca el pequeño edén. En su centro hay una flor, que crece con seguridad y bella, sobre tierra firme. Esta flor nació de la pequeña semilla que apareció con el primer beso que nos dimos vida mía.
La espera, los kilómetros, el tiempo... Todo vale la pena si nuestro eden crece y se refuerza con cada gesto de amor que nos regalamos, con cada mariposa que siento revolotear en mi estómago al verte, con cada sonrisa que me dibujas en la cara; vale todo el tiempo, todas las broncas, todos los impulsos erróneos.
Ésta sensación lo vale todo en el mundo, vale muchísimo más que cualquier persona que se interponga entre nosotros, es inmensamente más grande el amor que siento comparado con el tiempo que debo esperar por un beso tuyo.
Estoy segura que muchos envidian la fortaleza de nuestros sentimientos, eso en parte me hace sentir especial, fui una de las elegidas de cupido en sentir tanta felicidad a tu lado... Miento: FUIMOS los elegido s en ser felices, nos tocó y lo disfrutamos como podemos y lo aprovechamos casi todo lo que humanamente nos es posible.
Amor, amor, amor te echo de menos igual que tú a mi.
Kilómetros me impiden disfrutar de lo que sé que es mío, me impide ir al cine y ver una película en tus brazos, me impiden un millón de cosas.
No lo sabes pero siempre derramo un par de lágrimas cada vez que te digo "hasta luego".
A pesar de todo, la experiencia me dice que el timpo que estoy a tu lado vale todo lo imposible. Vale porque sé que es algo fuerte y precioso lo que tenemos. Vale porque se construye un fuerte y un paraíso en su interior. Los muros se desplanzan más hacia las afueras, dejando más espacio para que crezca el pequeño edén. En su centro hay una flor, que crece con seguridad y bella, sobre tierra firme. Esta flor nació de la pequeña semilla que apareció con el primer beso que nos dimos vida mía.
La espera, los kilómetros, el tiempo... Todo vale la pena si nuestro eden crece y se refuerza con cada gesto de amor que nos regalamos, con cada mariposa que siento revolotear en mi estómago al verte, con cada sonrisa que me dibujas en la cara; vale todo el tiempo, todas las broncas, todos los impulsos erróneos.
Ésta sensación lo vale todo en el mundo, vale muchísimo más que cualquier persona que se interponga entre nosotros, es inmensamente más grande el amor que siento comparado con el tiempo que debo esperar por un beso tuyo.
Estoy segura que muchos envidian la fortaleza de nuestros sentimientos, eso en parte me hace sentir especial, fui una de las elegidas de cupido en sentir tanta felicidad a tu lado... Miento: FUIMOS los elegido s en ser felices, nos tocó y lo disfrutamos como podemos y lo aprovechamos casi todo lo que humanamente nos es posible.
Amor, amor, amor te echo de menos igual que tú a mi.


