domingo, 6 de junio de 2010

EL Motivo…



¿Sabes qué es lo mejor de estar en un profundo dolor durante tanto tiempo? Que las alegrías vienen con muchísima más fuerza. Te alegras tanto, que llegas a entrar en un estado de euforia y la flor de tu vida que estuvo marchitada, florece de nuevo más hermosa que nunca. Así con este morir y resucitar sientes VIDA. Notas todo diferente. La sangre recorre tu cuerpo con más intensidad, como si lo hiciese por si acaso tu cuerpo esté falto de energía. La verdad es que te hace falta.
Pero tanta euforia tiene sus efectos secundarios puesto que no sabes cómo reaccionar: no puedes articular palabra, te fallan las piernas, empiezas a temblar descontroladamente, sientes escalofríos y tu corazón late tan fuerte que parece que se te va a salir del pecho en cualquier momento. A todo esto, El corazón bombea con fuerza la sangre para que no te caigas, para que des un grito de alegría, para que llores de incredulidad.
En un primer momento entras en estado catatónico, tu cuerpo acostumbrado al dolor no reconoce el nuevo. Sientes la necesidad de confirmar que tu euforia tiene una razón de ser, que existe un motivo que justifica tu estado quieres creer que no es un engaño. Entonces quieres volver a escuchar lo que tus oídos captaron, quieres tocar lo que tus ojos ven, quieres saborear lo que tu nariz huele…
Pero aparece él… Te quedas de piedra, de nada sirve el latido de tu corazón… Desfalleces de incredulidad… Ocurre lo que no te esperabas: Él te confirma lo que ansías, lo que tu cuerpo no te permite hacer. Tu euforia tiene un motivo y ese motivo es él. Él, sin ni siquiera darte tiempo para esperarlo, te abraza fuerte, MUY fuerte, tan fuerte que si aunque quisieras deshacerte del abrazo no podrías y sabes que es REAL. Te dice “Hola mi amor” y escuchas que NO es MENTIRA, te besa y sabes que es lo que anhelaste, hueles su fragancia y crees estar volando … en el cielo.
Te aferras a él, a tu motivo de euforia, a tu sueño, no lo puedes dejar marchar… Le demuestras lo mucho que le esperabas. Le correspondes, le devuelves la mirada, le robas mil besos, le regalas infinitas caricias y te entregas por completo a tu precioso motivo. Le quieres, sabes que en ese momento lo es TODO. Le ansías, le deseas, le necesitas. Te dejas embargar, te dejas llevar, te dejas querer, enfermas de él, del motivo de tu euforia. Enloqueces, no controlas y te gusta, te encanta… Sabes que esos momentos te pertenecen y le pertenecen, que tú eres tan egoísta como tu motivo. No quieres dejarlo marchar y te enzarzas en una lucha contra el tiempo porque no quieres que se acabe. Es tu droga, la euforia ES UNA DROGA.
Sin embargo se acaba, no sabes cómo pero se acaba. Te arrancan de cuajo ese estado que te encantaba y deja en carne viva tu alma. Duele demasiado, escuece, está abierta una herida tan grande como lo era tu euforia que sentiste en aquel precioso momento.
Ese dolor deja rastro en almohadas húmedas, en ojos hinchados y en llantos amargos ahogados. Te quedas recordando aquella euforia.
Recapacitas y te consuela saber que esos momentos irrepetibles que el tiempo no te pudo arrebatar quedarán allí para la eternidad y que sólo tú y el motivo de tu euforia conocéis hasta el más mínimo detalle… Tú fuiste hecha para el motivo y el motivo dictado únicamente para ti. Y desde la sombra se escucha un grito desesperado que sale de tu fuero interno: “VUELVE JUNTO A Mí!”.

1 comentario:

  1. Venga Naywa, que te vas a volver un Cervantes por lo menos..Jaja Esta guay.. (k):p

    Cinthya

    ResponderEliminar